AL VUELO

Por Pegasopegaso

FABULAS DE HISOPO

No se trata del fabulista griego, pero sus reflexiones también remueven los fluidos corporales.

LA RANA Y EL VAGABUNDO

Un vagabundo acostumbraba pasar las noches en un bosque, cerca de un estanque.

En el estanque había una rana, que con el tiempo se hizo su amiga porque de continuo le arrojaba algunas migas de pan.
La rana, a su vez, intentaba pagar de algún modo el alimento que le daba su benefactor.

Con su larga lengua atrapaba y devoraba cuantos mosquitos pasaban cerca de ella, muchos eran pequeños, pero otros eran realmente enormes.

-Mira-le dijo un día la rana-, cómo me esfuerzo para que los mosquitos no te molesten.

-Eres muy amable,-contestó el vagabundo. pero no creo que tu esfuerzo sirva de mucho. Mira mis brazos, mis pies y mi torso. Verás las mil picaduras que aún producen en mí los mosquitos.

-No entiendo,-contestó la rana. Yo pongo todo mi empeño en comer todos los que puedo..

-Le contestó el vagabundo: Sé que tu lengua es larga y tu apetito voraz, pero he de decirte que cuando más engulles, más vienen en su lugar y más piquetes causan en mi cuerpo.

Moraleja: No siempre la estrategia que se aplica es la adecuada; muy diferente fuera si la rana tomara un bote de insecticida y lo rociara.

La columna termina con el acostumbrado aforismo mexicano: «Quien acostumbra mezclarse con cánidos de la especie lupus, tarde o temprano desarrollará la habilidad para emitir sonidos guturales». (El que con lobos anda, a aullar se enseña).

¡Au revoir!

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