AL VUELO/ Inocentes

Por Pegaso

¡Se acabó! En esta columna ya no habrá más leperadas. Ya no le haré bullyng a nuestro amado e inmaculado Señor Presidente de la República. Ya no más irreverencias.

Esta columna se transformará, y se transformará para bien…

¿Y ustedes se la creyeron? No, hombre, qué va. Pegaso seguirá volando todavía por mucho tiempo -hasta que mis dos o tres lectores dejen de leerme-, comentando y analizando con su sabroso e inigualable estilo todas las noticias relevantes, memes, ocurrencias y noticias virales que aparecen en el diario devenir de la historia.

Lo que pasa es que hoy es el Día de los Inocentes y quise jugarles una pequeña broma.

¿Qué sería de Reynosa sin las sesudas reflexiones que aquí se plasman?

¿Qué incierto destino le aguarda a la Nación sin la guía que representan las variopintas y agudas opiniones de Pegaso, valladar y contrapeso real de toda tiranía?

La Historia, con su sabiduría, colocará los valiosos comentarios de esta columna al lado de las aportaciones que hicieron las ilustres plumas de Ricardo Flores Magón e Ignacio Ramírez “El Nigromante”, escritas en letras de oro en los más altos estrados de nuestra generosa Patria.

Ya en serio: No se los vayan a hacer inocentes el día de hoy.

Es una tradición muy arraigada el que un amigo de pronto te caiga con una noticia imprevista y a ti se te ponen los ojos de plato, se te sube la bilirrubina y te dan ñáñaras ante el impacto de tal información.

Segundos después, al ver tu expresión anonadada, tu cuate se avienta una estentórea carcajada y te dice con jocosa voz: “¡Inocente palomita que te dejaste engañar!”

Inmediatamente se retira, dejándote dubitativo, meditabundo y medio apendejado.

La tradición del Día de los Inocentes procede de un infame episodio ocurrido al inicio de la Era Cristiana, cuando el rey Herodes mandó matar a todos los recién nacidos de Israel después de ver en sus redes sociales el meme de que iba a nacer el Mesías.

Lo que pasó fue que los Reyes Magos que venían de Oriente llegaron primero al pesebre de José y María, a entregarles mirra e incienso. Luego de ahí se pasaron al palacio de Herodes para confirmarle la información y ganarse una lanita extra, antes de emprender su regreso.

Como Herodes era muy gacho, lo que hizo fue mandar un e-mail a todos sus contactos para que buscaran al niño Jesús.

Éstos anduvieron cateando todos los pesebres de Galilea, pero no dieron con él. Entonces, Herodes les ordenó matar a todos los recién nacidos.

Lo que no sabían los soldados era que el rey era muy bromista y los quería hacer inocentes por ser el día 28 de diciembre, pero cuando se enteraron, ya era demasiado tarde. Fue cuando Herodes les envió un nuevo mensaje de texto donde decía: “Inocentes palomitas, que se dejaron engañar”.

La Historia recogió ese capítulo y lo hizo viral.

A final de cuentas, José y María escondieron tan bien a Jesús, que los romanos y judíos lo hallaron hasta 33 años después, pero esa ya es otra historia.

Nos quedamos con el refrán estilo Pegaso, cortesía del célebre filósofo Arjona: “Al individuo cuyo nombre es Jesús le provoca náuseas el predicador que obtiene abultadas utilidades con la credulidad de su feligresía”. (A Jesús le da asco el pastor que se hace rico con la fé).

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