AL VUELO/ Feos

Por Pegaso

¿Será cierto que los feos tienen más suerte con las mujeres?

Luego de mi vuelo vespertino me puse a ojear (Nota de la Redacción: No es un error ortográfico de nuestro colaborador. También existe la palabra ojear, que significa “echar un ojo”, a diferencia de hojear, que significa pasar de una hoja a otra) algunas páginas de Internet y me llamó mucho la atención una foto de Verónica Castro al lado de “El Loco” Valdés.

Ella, una jovencita hermosa e ingenua, él, un tipo más feo que Danny Trejo.

Pero como dice el refrán, verbo mata carita, al final de cuentas la Vero entregó su tesorito y él le arrimó el camarón, dando como resultado el nacimiento de “El Gallito Feliz”.

El mito de La Bella y La Bestia.

Hay que reconocer, sin embargo, que en realidad sí hay tipos Feos, con F mayúscula, que tienen una suerte endemoniada con el sexo opuesto.

Ramón Valdez, hermano de “El Loco”, quien protagonizó por décadas el personaje de “Ron Damón” en la serie de “El Chavo del Ocho”, también tenía pegue con las féminas. La prueba está en que traía loquita a “La Bruja del 71”.

Tal vez sea cierta la conseja popular de que verbo mata carita. Hay que tener mucha labia y la sangre ligera para caerle bien a las veleidosas mujeres.

Si bien es cierto que el ideal de ellas es encontrar tipos altos, robustos, guapetones y con muchos billetes, también se dejan seducir por quienes consideran “inofensivos” pero que a final de cuentas, como decía Jorge Negrete, se comen la tuna sin espinarse la mano.

Feos hay que logran tener no una, ni dos, sino tres o más hermosas y correteables chicas comiendo de su mano.

No hace falta tener dinero, pero sí mucha labia para marearlas.

Cuando una mujer hermosa se enreda con un feo, va contra las leyes de la selección natural. En lugar de que mejoren la raza, la van a empeorar, o si bien les va, el güerco sale a medias tintas.

Cierto día se encontraron en un evento público las dos más grandes celebridades de aquel entonces: Albert Einstein y Marilyn Monroe.

La pícara Marilyn saludó al sabio alemán y le dijo: “¿Se imagina cómo serían nuestros hijos con mi belleza y su inteligencia?”

Einstein le contestó con un gesto de indulgencia: “¿Y qué pasaría si salieran con mi belleza y su inteligencia?”

Alguien me decía alguna vez por ahí, queriendo darme el Santo Grial de los consejos para obtener los favores de cualquier mujer bella: “Insístale, insístale. A final de cuentas va a caer. O si no otra, hasta que caiga alguna”.

Ni lo he intentado ni lo intentaré jamás, porque me regaña mi Pegasita. (Nota de la Redacción: Entonces, ¿cómo le hiciste, si tú estás bien feo y tu esposa es muy hermosa?

El mismo amigo me dijo que no hay imposibles en el amor, y me lo ejemplificó con un chistorete: Había dos amigos militares en un cuartel. Uno de ellos apostó al otro que el general le daría las nalgas en un mes. Al ver lo difícil que eso sería, el amigo aceptó gustoso la apuesta.

Así que todas las mañanas, tardes y noches, el atrevido sujeto se ponía frente de la casa del general y le chistaba, haciéndole la señal de que deseaba tener intercurso sexual con él. Pasaron los días y las semanas y el general ya no lo soportaba.

Lo llamó un día a su oficina y le dijo: “¡Bueno, jijo de la guayaba!¿Pues qué se trae usted? ¡Ya me tiene hasta la madre!”

El tipo le contestó: “Perdone, mi general, pero es que usted me resulta muy atractivo y yo quisiera que usted me diera las nalgas”.

Respondió el fúrico jefe castrense: “¡Váyase de aquí ante de que lo mande fusilar!”

El hombre se retiró, pero la amenaza no lo desanimó y siguió guiñándole el ojo y haciéndole señas obscenas.

El general le platicó a su esposa cómo aquello lo sacaba de sus casillas y la mujer le dijo: “Bueno, pues deberías acceder a sus deseos. Al fin y al cabo, ¿qué puedes perder?”

Poco antes de vencerse el mes, el general llama al soldado, quien estaba con su compañero de apuesta y le dice: “¡Bueno, usted gana!” Y ¡zaz! Se baja el pantalón, dispuesto a someterse a tan ruin y vergonzosa penitencia.

-Lo siento, mi general,-dice el avispado mílite-, sólo quería que mi amigo, aquí presente, viera que con insistencia, todo se puede lograr.

Así que, amigos feyoyos, a insistir. Y no se me desanimen.

Nomás no lo intenten con un general, si no son profesionales.

Va el refrán estilo Pegaso: “¡Que perezcan los individuos poco agraciados!” (¡Que se mueran los feos!)

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