AL VUELO/ Medallas

Por Pegaso

Andaba yo volando allá, por el rumbo de la Presidencia Municipal, donde ayer por la tarde se entregó la Medalla al Mérito Ciudadano Marte R. Gómez, en Reunión Solemne de Cabildo.

Ésta vez fue asignada de manera posmortem a quien fue un gran amigo, cronista urbano e historiador de la ciudad: Don Reynaldo López Olivares (19 de junio de 1942-14 de noviembre del 2015).

No me causó sorpresa saber que el Comité para la Entrega de la Medalla decidió otorgarle tal presea a don Reynaldo por sus aportaciones a la historiografía de la ciudad, sino que se diera como quien dice, a toro pasado.

Con esta ocasión van dos veces consecutivas que la medalla se entrega a personas fallecidas.  En el 2016, el entonces alcalde José Elías Leal la entregó a la familia delprofesor Juan Granados Rodríguez.

En el 2015 se dio a Javier Cantú Barragán, quien aún está vivito y coleando, igual que Doña Cirina Herrera Valladares en el 2014.

En el 2013, por el contrario, la presea fue entregada a Manuel Garza González, ex alcalde, recibiéndola su hermano Eduardo y de manera pos mortem al también exmunícipe Rafael Sierra De la Garza.

Algo similar ocurrió en el 2012, en el último año de la Administración de Everardo Villarreal Salinas, cuando el lauro se entregó a don Chanito García Gorena y de forma posmortem al doctor Antonio González Ponce.

En redes sociales la gente se preguntaba por qué el Comité no destinó una presea a una persona viva y a otra fallecida, como en anteriores ocasiones.

«Me hubiera gustado que en vida se la hubieran dado, pero bien que se le reconoce su trayectoria en esta Administración»,-comentaron.

«Los homenajes póstumos no tienen el mismo efecto que si se diesen en vida para que la persona los disfrute. Pero buena la intención de hacerlo, aún después»,-decía otra usuaria de las redes.

El contador Víctor Olvera parafraseó las palabras de Ana María Rabaté: «En vida, hermano, en vida».

Algo curioso es que al menos durante los últimos cuatro años el eterno aspirante a obtener la medalla es el activista Julio Martínez.

Julio Martínez se ha caracterizado por brindar apoyo a las personas más humildes o a los enfermos desauciados mediante un grupo que se llama «Amigos de Reynosa».

Fue el iniciador de los comedores para familiares de pacientes en el Hospital General y se le reconoce por su labor altruista, sin embargo, no se ha ganado aún la medalla Marte R. Gómez.

Yo, de malora, escribí: «¿O sea, que a Julio Martínez primero hay que cafetearlo y después le dan la medalla?»

Luego vinieron una serie de comentarios, a cual más atinado, respecto a que debió darse una segunda presea para una persona viva, y todos coincidieron en que Julio tiene los suficientes méritos.

Concuerdo en que es mejor recibir en vida el reconocimiento de nuestros semejantes, que ya difunto, muerto, morido o petatiado.

Si a mí me dan una, dos o tres medallas por mis incontables aportaciones a la praxis periodística me sentiría soñado.

Lo que no me gustaría es que después me dijeran «El Chico Medallas», porque sonaría muy feo.

Los dejo con el refrán-¿albur?- estilo Pegaso: «Otorgadme una mínima fracción de vuestra concentración cognitiva». (Préstame un poco de tu atención).

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