POR José Inés Figueroa Vitela
Cualquiera de los delitos en que se vio inmiscuido, por el que se acuse al ladrón, asesino, huachicolero exgobernador de triste memoria, es suficiente para retirarlo de circulación y someterlo a buen resguardo.
1, 3, 5 delitos son muchos, en la margen de suficiencias para que las autoridades actúen y le apliquen el peso de la justicia, pero son pocos, muy pocos, en relación al rosario de excesos, atrocidades, despojos, atropellos, de los que fue actor y/o autor directo.
De por qué no ha sido presentado ante un juez, cada quien tiene sus razonamientos y conclusiones, ciertamente variadas, como variante es el sentimiento respecto de quienes piensan que en algún momento, o no, será aprehendido y encarcelado.
La periodista MARTHA OLIVIA LÓPEZ, estará entre quienes le causa desesperación ese estado de impunidad, hasta el punto que personalmente fue a denunciar al ex, FRANCISCO JAVIER “N”, ante la Fiscalía de la Corte Penal Internacional y ante el Alto Comisionado de la ONU, para los Derechos Humanos.
Antes se decía que los periodistas no debíamos hablar en primera persona, ni ser parte de la noticia; más recientemente hasta se volvió una moda hacer lo contrario y en esto, de que sea una comunicadora la que asuma el rol de denunciante, en nombre de la sociedad, resultará más novedoso aun.
Mientras se dirime la vigencia de tal premisa, diré que tiene absolutamente toda la razón en sus dichos y los alcances de la querella presentados por MARTHA OLIVA; personalmente estoy en la convicción de que se quedó corta en la relatoría de los delitos de lesa humanidad contenidos en autos.
Sí, lo más sonado e irrefutable, fue la forma como el brazo armado del desgobierno cabecista asesinó e incineró a migrantes en Camargo; sacó a neolaredenses de sus casas y montó escenarios para justificar su ejecución; cocieron a balazos a un profesionista inocente y desarmado en Río Bravo; desaparecieron personas en la frontera y dejaron a merced de los sicarios a la madre que buscaba a su hija y señalaba a los autores de su desaparición en San Fernando.
Por cualquiera de esos crímenes del pan-cabecismo, decía, sus autores hace mucho debieron haber sido encarcelados con largas condenas que aseguraran no siguieran haciendo más daño a la sociedad y aunque ya va para cuatro años que fueron echados del gobierno por el pueblo, sigue en la total impunidad.
La esperanza era que cuando cambiara el gobierno y las autoridades ministeriales en Tamaulipas y en México, se haría valer el imperio de la justicia, pero eso ya pasó y no hay visos de que se esté haciendo algo por responderle al pueblo en ese reclamo.
No se ve, pero los más esperan que sí se esté haciendo mucho para que pronto “nos den la sorpresa”.
La denunciante de ahora, parece que no quiso esperar a ver si resulta cierta o falsa tal versión, recurriendo a las instancias judiciales internacionales en busca de respuestas.
Se vale.
Al final del día, la aplicación de la justicia no es una potestad de algún funcionario o alguna autoridad, sino un imperativo del ejercicio y la administración del poder público.
Es el principio de las instituciones.
Quien teniendo la responsabilidad no las haga valer, más temprano que tarde pagará las consecuencias, si nos atenemos a lo antecedentes.
Nadie experimenta en cabeza ajena, pero ahí está fresco el ejemplo del exgobernador EUGENIO HERNÁNDEZ FORES, a quien como líder político del estado le tocó sancionar los excesos del alcalde reynosense en el trienio 2005-2007; no lo hizo y a vuelta de sexenio, el criminal alcalde convertido en Gobernador lo encerró en la cárcel por largos años en los que mantuvo el poder para hacerlo, inventándole delitos.
¿Cuál es hoy el discurso de FRANCISCO desde las redes sociales donde se refugia mediáticamente desde su guarida de Texas?
Que los prohombres del morenismo que en ese momento ejercen el poder en nuestro país y estado, están inmiscuidos en delitos, que también les ha inventado, como lo hizo con los que encarceló cuando ejerció el poder.
¿Qué va a pasar cuando estos se hayan ido si no le aplican la ley al delincuente aquel, a sus parientes y demás cómplices?
Voltear al pasado mediato anima las conclusiones.
